El Cantar de Roldán / la Chanson de Rolland es un poema épico del siglo XI, y el mayor poema épico de la Edad Media. Narra la derrota de la retaguardia del ejército de Carlomagno en la Batalla de Roncesvalles, en el Pirineo navarro, a manos de los sarracenos de España.
Carlomagno, rey y emperador, ha ocupado toda España, salvo Zaragoza, que sigue en manos sarracenas. Marsilio, rey moro de Zaragoza, finge rendirse ante Carlomagno. Las tropas francas se retiran hacia Francia, cruzando los Pirineos navarros. Roldán, caballero favorito del emperador, es nombrado para liderar la peligrosa retaguardia en la retirada.
El ejército sarraceno rodea a la retaguardia francesa, capitaneada por Roldán, cuando cruza los Pirineos. Oliveros, el prudente compañero de Roldán, le pide que toque el olifante, pidiendo ayuda a Carlomagno y la vanguardia del ejército, que se ha adelantado. Roldán, por orgullo, se niega a tocar su olifante para pedir ayuda. Los caballeros franceses, incluidos Roldán y Oliveros, mueren luchando heroicamente.
Antes de morir, Roldán sopla el cuerno tan fuerte que se le rompen las sienes. Carlomagno oye el cuerno y da la vuelta. Pero ya es demasiado tarde para rescatar a la retaguardia cristiana: todos han muerto. Carlomagno sigue al ejército sarraceno, lo alcanza y lo destruye.
La carga poética de la «Chanson de Rolland» son las «laisses similaires», conjunto de estrofas («laissess») consecutivas que repiten la misma acción .Cada estrofa cuenta el mismo evento pero cambiando los detalles, las palabras o el grado de avance. Las «laisses similaires» reclcan un evento clave en el poema, detienen el tiempo del relato para crear un efecto de lentitud, suspenso o gran fuerza dramática y lírica.
Las «laissses similaires» más famosas de la «Chanson de Rolland» se refieren al momento en que la retaguardia del ejército franco en retirada es atacada por los sarracenos. Roldán encabeza la retaguardia. Su amigo y compañero, el prudente Oliver le pide que toque el «olifante», para llamar a Carlomagno que encabeza la vanguardia del ejército. El valiente Roldán se niega, porque sería una cobardía.
ROLDÁN VALIENTE, OLIVEROS JUICIOSO
El momento máximo de la epopeya es el paso de la retaguardia franca por entre los Pirineos, ya seguidos por los sarracenos.
El prudente Oliveros advierte al valiente y orgulloso Roldán del peligro que corren y le pide que toque el olifante, pero éste se niega. La petición de Oliveros y la negativa de Roldán se repiten una y otra vez, cargando la escena de dramtismo y patetismo trágico.
La escena se repite en cinco «laisses» consecutivos, con distitntas palabras.
LXXXIII
Allí dice Oliveros: «Los paganos son muchos, / y de nuestros franceses me parece haber pocos. / Compañero Roldán, tañed, pues, vuestro cuerno:/ cuando Carlos lo oiga, con la hueste vendrá». / Le responde Roldán: «Haría como un necio, / pues en la dulce Francia perdería mi fama. / Con Durandarte ahora yo daré grandes golpes, / saldrá llena de sangre hasta el oro del pomo. / Los malvados paganos morirán en los puertos / os juro yo que todos tienen la muerte cierta».
LXXXIV
«Compañero Roldán, tañed el olifante; / cuando Carlos lo oiga, con la hueste vendrá / y del rey y de sus nobles seremos socorridos.» / Le responde Roldán: «¡No lo permita Dios, / que toda mi familia sufra afrenta por mí / ni que la dulce Francia caiga en el deshonor! / Haré que Durandarte hiera continuamente, / esa mi buena espada que ciñe mi costado / ¡todos veréis su hoja ensangrentada toda! / Los malvados paganos por su mal se han juntado: / os juro yo que a todos la muerte les espera.»
¿CÓMO SON LOS «LAISSES SIMILAIRES»?
En la «Chanson de Rolland», se encadenan «laisses similaires» varias veces, para enfatizar un momento especialmente dramático o poético.
Los «laisses similaires» cuentan el mismo episodio o acción dos o más veces seguidas. Cambian pequeños detalles, como el punto de vista emocional, los gestos de los personajes o la intensidad dramática. Enfatizan un momento crucial de la trama.
Uno de esos momentos, quizá el más famoso, es la contraposición entre la valentía de Rolland y la prudencia de Oliver. He transcrito dos de esos «liasses y transcribo los otros a continuación.
LXXXV
«Compañero Roldán, tañed el olifante, / así, Carlos lo oirá, que aún está por los puertos. / Y os juro yo que todos los franceses vendrán.» / «¡No lo permita Dios!», le responde Roldán, / «que haya un hombre en el mundo que pudiera decir / que a causa de paganos haya tañido el cuerno! / Por eso, mis parientes reproche no tendrán. / En cuanto que me encuentre en esta gran batalla, / en ella asestaré mil setecientos golpes; / veréis de Durandarte su acero ensangrentado. / Los franceses son buenos, lucharán con valor / y de esos españoles ninguno escapará».
LXXXVI
Allí dice Oliveros: «No hay deshonor en eso; / sarracenos de España muchos he visto yo. / Son tantos que han cubierto los valles y montañas, / han cubierto laderas y han cubierto llanuras. / Muy grandes son las huestes de esta gente extranjera / y nosotros tenemos pequeñísima tropa.» / Le responde Roldán: «Mi valor se acrecienta. / ¡No sea la voluntad de Dios ni de sus ángeles / que por mí se perdiera de Francia la valía! / ¡Más quiero yo morir que deshonor me venga! / Cuanto más golpeemos, más Carlos nos querrá».
LXXXVII
Roldán es valeroso y Oliveros es juicioso. / Ambos son de temible bravura. / Cuando están a caballo y armados / jamás esquivarán batalla por miedo a morir. / Buenos son los condes y nobles sus palabras. / Los felones paganos cabalgan airados. / Dijo Oliveros: «Roldán, ved ya a algunos; / estos los tenemos cerca, pero Carlos está demasiado lejos! / No os dignasteis tocar vuestro olifante. / Si el rey estuviera aquí, no recibiríamos daño./ Mirad hacia arriba, a los puertos de Aspre; / podréis ver que la retaguardia es mezquina / quien en ésta forma, jamás formará en otra. / Responde Roldán: «¡¡No digáis tal despropósito! / ¡Maldito el corazón que en el pecho se acobarda! / Resistiremos firmes en nuestro puesto; / para nosotros serán los golpes y refriegas.»